El pasado 30 de marzo parec铆a un d铆a normal en la localidad santafesina de San Crist贸bal, Argentina. Nada anticipaba lo que ocurrir铆a en ese poblado de apenas 14.000 habitantes, que vivir铆a un episodio de violencia similar a los observados en entornos escolares de Estados Unidos a lo largo de las 煤ltimas d茅cadas.
Un estudiante de 15 a帽os ingres贸 a la escuela Mariano Moreno, donde efectu贸 entre cuatro y cinco disparos con una escopeta antes de ser retenido y desarmado por otra persona, seg煤n inform贸 la Polic铆a local.
El saldo fue de un estudiante de 13 a帽os fallecido, dos personas heridas y un pa铆s alarmado por algo que no suced铆a desde hace 22 a帽os: un tiroteo escolar.
El atacante fue detenido, pero, seg煤n explic贸 entonces el ministro de Justicia y Seguridad de la provincia, Pablo Cococcioni, se trata de 鈥渦n menor no punible seg煤n la legislaci贸n vigente鈥. No puede enfrentar un castigo penal.
D铆as m谩s tarde, Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad de la Naci贸n, calific贸 el hecho como 鈥渋n茅dito鈥. Adem谩s, descart贸 que el agresor haya sido v铆ctima de bullying o haya padecido un 鈥渂rote psic贸tico鈥. En cambio, apunt贸 contra las comunidades digitales que hacen culto a la violencia.
鈥淓stamos ante la presencia de comunidades virtuales que se centran en la fascinaci贸n por asesinatos y tiroteos masivos, con patrones de conducta nihilistas y misantr贸picos que promueven la admiraci贸n y, en algunos casos, la imitaci贸n de la violencia鈥, dijo.
El 30 de junio, otra regi贸n argentina vivi贸 un episodio similar. En Neuqu茅n, un estudiante introdujo a su escuela un arma de fuego, con la que hiri贸 a un compa帽ero de 13 de a帽os, seg煤n reportaron las autoridades locales.
M谩s all谩 de las causas particulares, expertos explican que casos extremos como los recientes en Argentina a煤n no est谩n instalados en Am茅rica Latina. Sin embargo, son un llamado de atenci贸n en torno a un problema que crece en la regi贸n: la violencia escolar.
La Organizaci贸n de las Naciones Unidas para la Educaci贸n, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) define este fen贸meno como toda forma de violencia dentro o fuera de las aulas, en sus alrededores o en el traslado desde y hacia ellas. Tambi茅n incluye lo que ocurre en l铆nea y otros entornos digitales.
Sus 煤ltimos datos advierten que al menos uno de cada tres estudiantes a nivel mundial asegura haber sido agredido f铆sicamente al menos una vez en el a帽o. Tambi茅n estiman que uno de cada tres ni帽os y j贸venes sufre acoso todos los meses y sostienen que el fen贸meno del ciberacoso contin煤a expandi茅ndose.
La Organizaci贸n para la Cooperaci贸n y el Desarrollo Econ贸micos (OCDE), mediante las pruebas PISA 2022, hizo un relevamiento sobre riesgos para la seguridad en las escuelas.
Algunos datos: cerca del 30% de los estudiantes consultados vieron a otros alumnos cargando un arma de fuego o un cuchillo, y casi el 50% vio a un compa帽ero amenazar con lastimar a otro en las cuatro semanas previas a la consulta.
鈥淐reo que m谩s all谩 de que vuelva a suceder un evento como ese, es una se帽al de malestar fuerte en las escuelas que hay que tomarse en serio para no volver a llegar a eso鈥, afirma Cecilia Veleda, doctora en Educaci贸n e investigadora principal del Centro de Implementaci贸n de Pol铆ticas P煤blicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC).
鈥淗ay un nivel de violencia terrible. A m铆 me toc贸 ver que en el aula un alumno lleve un arma y la manipule delante de todo el mundo e incluso muestre las balas. No solamente la violencia es f铆sica; tambi茅n es verbal, emocional鈥, recuerda Romina Busain, docente de secundaria en la provincia de Buenos Aires.
Latinoam茅rica no est谩 habituada a vivir tiroteos en escuelas, una situaci贸n recurrente en Estados Unidos, . Particularmente en Argentina, donde esto ocurri贸 recientemente, hay que remontarse a 2004 para encontrar un caso anterior.
En ese entonces, un joven de 15 a帽os mat贸 a tres compa帽eros e hiri贸 a cinco con el arma de su padre en la localidad de Carmen de Patagones, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Las heridas de ese hecho a煤n resuenan en el pa铆s.
Incluso en M茅xico, un pa铆s con mayores 铆ndices de violencia 鈥攅n 2023 tuvo una tasa de 25 homicidios por cada 100.000 habitantes, cuando en Argentina la tasa fue de 4, seg煤n 鈥, los tiroteos escolares son poco frecuentes.
En marzo pasado, ocurri贸 uno en el estado de Michoac谩n, donde un adolescente de 15 a帽os ingres贸 a un plantel, . 脡l qued贸 detenido. La Fiscal铆a estatal investig贸 el caso y, el 17 de julio, inform贸 que el adolescente tuvo un procedimiento abreviado en el que fue condenado a tres a帽os de internamiento preventivo por feminicidio.
Antes, casos similares sucedieron en enero de 2017 en Nuevo Le贸n, donde un adolescente de 15 a帽os hiri贸 a una maestra y a tres compa帽eros en un colegio y despu茅s se suicid贸, y en enero de 2020 en Coahuila, donde un menor de 11 a帽os mat贸 a una maestra, hiri贸 a otras seis personas y tambi茅n se suicid贸.
M茅xico no tiene un registro oficial sobre tiroteos en escuelas, una situaci贸n que limita la comprensi贸n de este fen贸meno, dijo Juan Mart铆n P茅rez Garc铆a, coordinador de la ONG Tejiendo Redes Infancia.
Lo cierto es que, si bien episodios tr谩gicos como los recientes no son tan habituales, los expertos advierten que la violencia escolar crece y atraviesa a todo el continente, aunque con elementos propios en cada pa铆s.
Pablo Mainer, fundador de la organizaci贸n Hablemos de Bullying y especialista en convivencia escolar, advierte que la aparici贸n de armas en las aulas no es un hecho extraordinario. Seg煤n explica, se trata de algo que se ve 鈥渃onstantemente鈥, solo que sin llegar a hechos de mayor gravedad.
鈥淓n el 煤ltimo colegio que trabaj茅 estaba como coordinador. Hac铆amos chequeos de bolsas y encontr谩bamos navajas鈥, relata Rub茅n Mart铆nez, docente colombiano que tambi茅n trabaj贸 en Venezuela, donde dice que le toc贸 ver 鈥渏贸venes muy violentos鈥.
Otra docente colombiana asegura haber vivido situaciones parecidas: 鈥淢uchos ni帽os que llevan armas ni siquiera las llevan con la intenci贸n de agredir, sino que dicen 鈥榚s para defenderme鈥. El asunto es que, si tienes un arma, podr铆a yo simplemente sacarte la lengua y t煤 te defiendes enterr谩ndome un cuchillo鈥. Y agrega: 鈥淭odos los d铆as me echo la bendici贸n antes de entrar a un aula鈥.
En la localidad paname帽a de Chiriqu铆, Marleny Vargas tiene m谩s de 30 a帽os de experiencia docente. En ellos ha ocupado roles en comisiones de disciplina.
Si bien asegura que en la escuela donde trabaja 鈥渓os chicos son bastante d贸ciles鈥, reconoce que en el 煤ltimo tiempo observa 鈥渃onductas un poco disruptivas鈥 y que a lo largo de su carrera ha conocido casos de presencia de armas en las instituciones.
En Guatemala, Rub铆 Granados se muestra preocupada porque percibe un aumento de casos de violencia y bullying entre sus alumnos y en los salones de clases: 鈥淗ay muchos profesores que viven con miedo por el sector en donde est谩n trabajando鈥.
La violencia escolar tiene muchas otras aristas. Cecilia Veleda advierte de 鈥渦n combo explosivo鈥 de posibles desencadenantes.
鈥淟a violencia discurre desde los discursos presidenciales hasta las redes sociales (鈥) Los chicos est谩n desarroll谩ndose en un mundo violento y es dif铆cil esperar que eso no los permee鈥, analiza.
Adem谩s, dice que si bien cada pa铆s tiene 鈥渃ondimentos propios鈥, hay puntos comunes de alarma, como la banalizaci贸n de la agresividad, el aumento de las condiciones de vulnerabilidad en los hogares y la aparici贸n de m谩s trastornos de salud mental.
Seg煤n datos globales de la Organizaci贸n Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete j贸venes entre 10 y 19 a帽os convive con trastornos de este tipo.
A esto se le suma un desaf铆o nuevo que preocupa: la presencia de dispositivos m贸viles y el acceso irrestricto a plataformas digitales desde edades tempranas.
Los especialistas advierten que esto expone a los j贸venes a contenidos expl铆citos para los que muchas veces no est谩n preparados. Adem谩s, facilita la interacci贸n con entornos que fomentan la violencia extrema.
鈥淗ay comunidades que, por ejemplo, ense帽an c贸mo autolesionarse, que romantizan la depresi贸n o que tienen a la violencia como un fin. Estas van generando toda una din谩mica que influye en los v铆nculos y eso se ve reflejado en la escuela鈥, explica Pablo Mainer.
En esa l铆nea, insiste en que muchas veces los conflictos o las agresiones entre los estudiantes comienzan a gestarse en estos espacios virtuales y 鈥渃uando los chicos llegan a la escuela, el problema ya est谩 explotado鈥.
Desde M茅xico, Juan Mart铆n P茅rez Garc铆a, de Tejiendo Redes Infancia, comparte una visi贸n similar. A su juicio, algunos elementos comunes a los hechos de violencia en escuelas son la disponibilidad de armas y la existencia de 鈥渃avernas digitales鈥 donde se difunden posturas radicalizadas que devienen en discursos de odio, en particular, en contra de las mujeres.
鈥淓sencialmente, lo que podemos decir es que son por ahora casos aislados, no tenemos en M茅xico condiciones para comparar con Estados Unidos, pero s铆 tenemos que poner alerta en que estos casos comienzan a tener una especie de efecto domin贸 y cada vez se est谩 haciendo m谩s breve la fecha entre acontecimientos鈥, concluye.
En Argentina, el hecho en la provincia de Santa Fe gener贸 una oleada de casos de supuestas amenazas en escuelas de todo el pa铆s. Este fen贸meno se atribuy贸 a un desaf铆o viral que instaba a los j贸venes a dejar pintadas en ba帽os advirtiendo sobre falsos ataques armados.
Pese a que no hay un registro oficial que cuente los casos, fuentes judiciales provinciales dijeron a CNN que en las primeras semanas posteriores al tiroteo se registraron m谩s de 1.000 denuncias por amenazas de este tipo en la provincia de Buenos Aires y m谩s de 300 en Capital Federal. Entre ambos distritos se concentra m谩s del 40% de la poblaci贸n del pa铆s.
En el resto de las provincias tambi茅n se registraron casos, lo que llev贸 a sus autoridades a publicar protocolos y advertencias, con el foco en posibles sanciones.
Ese enfoque puesto en las consecuencias se repite en todo el continente a la hora de combatir la violencia en las aulas y es cuestionado por los especialistas.
鈥淰imos propuestas de poner detectores de metales en las escuelas o de que todos vayan con mochilas transparentes. Lo que nosotros decimos ah铆 es que con ese tipo de decisiones totalmente punitivistas es que buscan dar una tranquilidad inmediata, que eso no lo veo mal. Pero si hacemos eso, todos los chicos son posibles sospechosos y eso no contribuye鈥, analiza Pablo Mainer.
Carlos Toriz, CEO de la organizaci贸n no gubernamental Escuelas Seguras M茅xico, coincidi贸 en una entrevista por separado.
鈥淓n contextos de tiroteos escolares, detectamos que no aparecen de un d铆a a otro. Son el resultado de m煤ltiples violencias acumuladas que no fueron detectadas ni atendidas a tiempo鈥, dijo. 鈥淟a prevenci贸n no comienza despu茅s de una tragedia; comienza con la manera en la que una escuela escucha, incluye y acompa帽a a sus estudiantes鈥.
Pedro Tena, maestro en Michoac谩n, dice que la prevenci贸n de la violencia es una tarea que se ha quedado rezagada en las escuelas, lo que atribuye a la carga de trabajo que los profesores deben atender. Adem谩s, se帽ala que los protocolos vigentes para encarar situaciones de riesgo datan de 2019 y solo contemplan qu茅 hacer durante los primeros minutos, no c贸mo actuar en el mediano y largo plazo.
La Secretar铆a de Educaci贸n de M茅xico dijo a CNN que, como parte de la estrategia gubernamental para prevenir la violencia escolar, se ha fomentado la creaci贸n de 8.282 comit茅s de paz a nivel bachillerato.
Para personas como el maestro Tena, sin embargo, medidas como esta resultan insuficientes.
鈥淟os eventos adversos se previenen, pero si no se pueden prevenir se deben de responder y se debe tener una fase de recuperaci贸n鈥, subray贸 Tena, quien, al igual que otros profesores de la regi贸n, espera que sus energ铆as puedan concentrarse en c贸mo mejorar los aprendizajes de sus alumnos y no en la preocupaci贸n de que algo pueda poner en riesgo sus vidas.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable 91欧美激情 Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.